martes, 9 de abril de 2013

Lectura del libro del Apocalipsis 5, 11—14

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente:

«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»

Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar — todo lo que hay en ellos—, que decían:

«Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.»

Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.»
Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

Palabra de Dios
Te alabamos Señor
Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante,
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
 por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 27b—32. 40b—41En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo:
—«¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio,
habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»


Pedro y los apóstoles replicaron:

—«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres
resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero.

La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados.

Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» .

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron.

Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Palabra de Dios
Te alabamos Señor

           III DOMINGO DE PASCUA

                14 - ABRIL - 2013

 

miércoles, 3 de abril de 2013


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-31
 
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con
las puertas cerradas por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

- Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:

- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
- Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

- Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
 
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

- Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

- Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas
incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

- ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

- ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos.

Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que,creyendo, tengáis vida en su nombre.
 
Palabra del Señor
 
Gloria a Ti Señor Jesus

Lectura del libro del Apocalipsis 1,9-11a. 12-13. 17-19


Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en

Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado

testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: «Lo que veas

escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia». Me volví a ver quién me hablaba, y,

al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga

túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verla, caí a sus pies como muerto.

Él puso la mano derecha sobre mí y dijo:

- No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo

por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Infierno. Escribe, pues, lo que veas:

lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.

 
Salmo

Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a

R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señores Dios, él nos ilumina.